San Juan de Dios: 80 años cuidando a Córdoba al cuidado de niños con poliomielitis

Hace 80 años que en la falda de la sierra de Córdoba surgió un centro, regentado por los Hermanos de San Juan de Dios, dedicado , una enfermedad muy extendida en la época y que en los años 50 incluso se convirtió en epidemia en España. Fue el 20 de octubre de 1935 cuando un entonces pequeño hospital se inauguró bajo la advocación de San Rafael y dirigido por el hermano Adrián Touceda. La clínica era un hogar para los cientos de menores sin recursos que acogían los religiosos, que también ejercían de profesores y de padres.

En 1963 se organizó la primera campaña estatal de vacunación contra la polio, con lo que la enfermedad empezó a ceder de forma progresiva y el hospital a abrir sus horizontes. Tanto ha sido así que en los últimos 50 años se ha convertido en un referente para la ciudad, sobre todo en la especialidad de Traumatología, y mira al futuro con la intención de convertirse en un hospital general de excelencia.

De esta forma, San Juan de Dios acaba de cerrar un año de celebraciones con el anuncio de la potenciación de nuevos servicios como las Urgencias 24 horas, Cirugía General y Medicina Interna, además de Cardiología, Neumología, Aparato Digestivo o Maternidad. Es decir, el centro se adaptará a los nuevos tiempos para ofrecer una cartera de servicios completa.

El vínculo de la Orden de San Juan de Dios con Córdoba viene de lejos. El actual superior de la orden en la ciudad, Manuel Armenteros, explica que la primera etapa data en torno al año 1570, es decir, 20 años después de la muerte de San Juan de Dios en Granada. Ese año el rey Felipe II pasó por Córdoba cuando se disponía a aplacar una rebelión de los moriscos en las Alpujarras. En su visita le dieron queja de que el Hospital San Lázaro, perteneciente a la Corte, estaba mal administrado, y dejó a su cargo a tres hermanos, que ya tenían fama de buenos enfermeros. El centro, que se ubicaba en Puerta Nueva, se caracterizó por atender sobre todo a pacientes con enfermedades contagiosas como lepra, cólera o fiebre amarilla. Estuvo abierto hasta 1835, ya que con la desamortización de Mendizábal los religiosos de la orden desaparecieron de todo el país.

En la segunda mitad del siglo XIX un hermano italiano, Benito Mendi, empezó a abrir casas en España. A Córdoba llegaron en 1934, cuando un grupo de religiosos, entre ellos el Hermano Bonifacio Morillo, presentó un proyecto a la alta sociedad de la época con el fin de conseguir donaciones para ponerlo en marcha. Con lo recaudado compraron en El Brillante la finca San Pablo -donde actualmente se ubica el Hospital de San Juan de Dios- que era una huerta de naranjos. El 20 de octubre de 1935 se inauguró el centro asistencial.
Armenteros apunta que a comienzos del siglo XX los hermanos tenían fundamentalmente dos actividades: las personas con enfermedad mental y los niños de la polio. Ésta última, a la que se dedicó el centro de Córdoba, hacía estragos en muchas familias, la mayoría de origen rural y pobres, que llevaban a los menores al hospital, donde residían durante años. Entonces se llamaba Hogar y Clínica San Rafael, y a él llegaban médicos que de forma voluntaria operaban y atendían a los enfermos. Entre los primeros que colaboraron con la orden destacan los doctores Emilio Luque, Antonio Manzanares, Germán Saldaña o Antonio Carreto. Los hermanos apenas contaban con trabajadores a su cargo, por lo que “tenían que hacer un poco de todo, no sólo de enfermeros y ayudantes de los médicos, sino también de maestros”, destaca Armenteros.

Los niños llegaban de toda la provincia y pasaban años en el centro, además no había Seguridad Social ni conciertos y “la casa vivía de la limosna”. Por ello, había un grupo de hermanos que se quedaba al cuidado de los menores y otro grupo que salía a pedir limosna “para poder alimentar tantas bocas”. El más famoso de ellos fue el Hermano Bonifacio, conocido y querido por su carisma personal. El religioso iba al centro de la ciudad para buscar a los señoritos, los esperaba en la puerta de cafés, casinos o el Círculo Mercantil, y les pedía limosna para los enfermos.

“Cuando llegaba alguien y le decía al camarero que lo invitara a un café, el hermano le decía que para él un vaso de agua y el dinero del café para sus niños”, resalta Armenteros. Con ese “gracejo” comenzó a ganarse el corazón de todos los cordobeses que lo conocieron y le valió el apodo de Fray Garbanzo. Era muy normal verlo con su Land Rover por los cortijos de la provincia recogiendo todo tipo de alimentos para llevar al hospital. Incluso se hacían rifas, galas y corridas de toros benéficas para los niños.

A mediados de los 60 la vacuna contra la poliomelitis llegó a España y a primeros de los 70 la enfermedad quedó erradicada, por lo que los hospitales dedicados a la polio se enfocaron hacia otras actividades. El de Córdoba se centró en Medicina Interna y enfermos de larga estancia pero luego evolucionó a hospital médico quirúrgico especializado en Traumatología. Ese cambio también fue progresivo a nivel estructural, ya que el edificio poco a poco se ajustó a las nuevas necesidades. En 1979 se incorporaron los primeros médicos de guardia con presencia física y llegaron monjas enfermeras, y en 1986 se contrataron los primeros enfermeros laicos.
Su cartera de servicios se fue ampliando a cirugía general, digestiva, infantil y plástica; Oftalmología, Otorrinolaringología, Cardiología, Neurología, Nefrología, Endocrinología, Alergología, Gastroenterología, Psicología y tratamiento del dolor. Además, cuenta con la acreditación de la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía.
En 1998 finalizó la última modificación del antiguo hospital, dotándolo, entre otros, de nuevos quirófanos. En 2014 y tras cuatro años de obras, inauguró un nuevo edificio, un hito que supuso pasar de 12 a 40 consultas externas, de 148 a 169 camas en habitaciones individuales, de cinco a ocho quirófanos inteligentes y los puestos de reanimación postquirúrgica pasaron de seis a 12. También se implantaron nuevas áreas de intervención y tratamiento, como la Unidad de Oncología y la de Atención Temprana (que atienda al año aproximadamente a unos 300 niños de entre cero y seis años), Cirugía Cardiovascular, Radiología Intervencionista, Cirugía General, Urología, Cirugía Torácica, Ginecología y Neumología. Todo ello con la intención de convertirse en un hospital general de excelencia.

El Hermano Manuel Armenteros señala que en la actualidad y debido a la crisis vocacional que sufre la Iglesia, los religiosos han disminuido “de forma terrible”. En la casa de Córdoba tan sólo hay tres y “sino fuese gracias a los trabajadores laicos y al equipo directivo, sería imposible”. Su misión es transmitir a los trabajadores el espíritu de San Juan de Dios y sus valores, el principal de ellos la hospitalidad, junto al respeto, la responsabilidad y la espiritualidad. Y, sobre todo, humanizar la sanidad, prestando “especial atención a la forma de atender al enfermo para que sea el centro de interés”.

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