Poliomielitis Anterior Aguda: Síntomas Ginecológicos

Por Dwight D. Young M.D. Los Angeles

Discusión por Donald G. Tollefson, M. D., Los Ángeles; Margaret Schulze, M. D., San Francisco; L. A. Emge, M. D., San Francisco.

En la reciente epidemia de poliomielitis anterior aguda en Los Ángeles, durante la primavera de 1934 y 1935, se encontraron muchos síntomas inusuales y hallazgos físicos. Al investigar los registros de epidemias previas, estas características excepcionales no fueron registradas y probablemente no ocurrieron. Entre los pacientes del sexo femenino, la frecuencia de disfunciones menstruales apareció típicamente en la primera menstruación después del inicio de la enfermedad, hemos dirigido una investigación más completa a esta fase en particular. No es nuestro propósito, al presentar este estudio, discutir la epidemiología, sintomatología, ni los aspectos clínicos de la poliomielitis. Es importante, sin embargo, considerar unas pocas de las características de la epidemia de Los Ángeles, para tratar de obtener una mejor comprensión de los problemas ginecológicos presentados.

CARACTERISTICAS ESPECIALES DE LA EPIDEMIA EN LOS ANGELES

Como ustedes recordarán, la poliomielitis, en su forma típica, ocurre en dos claros tipos a saber, la bulbar y la espinal. Es en el tipo espinal en el que estamos principalmente interesados. En el tipo espinal se encuentran comprometidas las
neuronas motoras del asta anterior de la medula espinal, produciendo una parálisis motora de los músculos esqueléticos. La parálisis es del tipo flácido, teniendo como resultado una atrofia muscular por desuso. Esto tiene, generalmente, como resultado una parálisis total o parcial del grupo de músculos afectados que puede ser temporal
o permanente, dependiendo de la severidad del proceso. En un articulo titulado “Poliomielitis: La epidemia en Los Ángeles de 1934” hecho por Meals, Hauser y Bowers que apareció en dos números de la revista

CALIFORNIA AND WESTERN MEDICINE, en agosto y septiembre de 1935, los autores llaman particularmente la atención sobre lo atípico de las parálisis que caracterizaron esta epidemia. “Los hallazgos objetivos”, dijeron “fueron tan atípicos como los síntomas subjetivos, la debilidad muscular fue a menudo muy poca y transitoria, pero el dolor a la movilidad fue en ocasiones severo. Frecuentemente, el músculo verificado no mostró debilidad ni asimetría, y en ocasiones sin dolor, pero presentaba una marcada fatigabilidad en la extremidad afectada en repetidas pruebas. El compromiso de áreas motoras así como sensoriales del sistema nervioso central fue demostrado en ambas, clínica y patológicamente. Los síntomas presentes en algunos casos indicaron el compromiso del sistema nervioso simpático. La recuperación fue aparentemente completa en el 80 por ciento de los pacientes, algunos tuvieron parálisis muy severas. Las secuelas incluyeron síntomas psicogénicos originados en el sistema simpático.”

*Leer antes la sección de Ginecología y Obstetricia de la Asociación Medica de California 65ª sesión anual. Coronado. 25-28 de mayo de 1936.
En el articulo presentado en reunión del personal de la Clínica Mayo en julio de 1934, Rosenow, Heilman y Pettet se refirieron a esta epidemia como polio encefalitis. Otros investigadores han llamado la atención a la aparente combinación, con la aparición de signos y síntomas de encefalitis como también de poliomielitis, produciendo un predominio de síntomas neurogenicos y psicogénicos. La atención se dirigió, también al aparente compromiso del simpático y raíces nerviosas del parasimpático, sensoriales y motoras. El compromiso típico de las neuronas del asta anterior, visto previamente en la poliomielitis, en esta epidemia se vio en unos pocos casos con carácter de pasajero, produciendo parálisis transitorias en la mayor parte de los pacientes y enteramente ausente en la mayoría de los casos. A causa de la
naturaleza atípica de esta epidemia, Aycock de Boston sugirió que fuera designada como “Enfermedad de Los Ángeles X”.

NATURALEZA ATIPICA DE LA EPIDEMIA DE LOS ANGELES
Los clínicos de Los Ángeles que han tenido a estos pacientes bajo su observación, concuerdan que si esta enfermedad debiera ser llamada poliomielitis, se debe reconocer como una manifestación atípica del proceso. No se conformó la sintomatología previa ni los hallazgos clínicos generalmente asociados con la poliomielitis típica. Presentamos estas observaciones ya que sentimos que ellos tienen un conocimiento importante de nuestro presente problema., especialmente porque las irregularidades menstruales han caracterizado esta enfermedad en el paciente femenino. Aunque no se ha reportado ninguna epidemia previa de poliomielitis típica. Para evitar la confusión, sin embargo, continuaremos refiriéndonos a la enfermedad como poliomielitis en nuestra discusión.

CARACTERISTICA DE LA DISFUNCIÓN MENSTRUAL
Esto trae a nuestra consideración los problemas ginecológicos de esta epidemia. Las manifestaciones de disfunción menstrual no solo han estado presentes en las etapas agudas y tempranas de la poliomielitis, en las grandes mayorías, continuaron por periodos prolongados en el periodo de convalecencia. Algunos de los 112 pacientes eran empleados del Hospital General en el condado de Los Angeles, fueron entrevistados y estudiados en un esfuerzo para obtener un panorama más exacto de los varios tipos de trastornos encontrados. Este grupo estuvo compuesto por doctores, enfermeras, trabajadoras de servicio social, técnicos de laboratorio y asistentes de hospital, quienes contrajeron la enfermedad durante las epidemias de 1934 y 1935. Todos ellos fueron confinados en la unidad de contagiosos del Hospital General por un periodo usual de aislamiento. Todos están bajo observación y recibiendo tratamiento, aunque muchos de ellos han sido capaces de volver por completo al trabajo y otros por una parte del tiempo.

STATUS PRESENTE DE TRABAJO EN LOS 112 PACIENTES
Es de mucho interés analizar el presente status de trabajo de este grupo de pacientes. Presentaremos esta pequeña estadística con más detalle que puede parecer necesaria, desde que estuvimos convencidos que como resultado de este estudio se observó que los trastornos menstruales han jugado un papel importante en los periodos de convalecencia prolongados y la perdida consecuente de tiempo de trabajo.
Hay 70 pacientes que contrajeron la enfermedad en 1934 y 42 pacientes que pertenecen a la epidemia de 1935. Estos datos confirman la observación que la epidemia de 1934 fue la más extensa de las dos. De los 112 pacientes estudiados, 58 están aun confinados en sus hogares y hospitales, como mostramos en la Tabla
1. Esta figura representa el 51 por ciento del total de pacientes de ambas epidemias, la de 1934 y 1935 incluidos en este estudio. Son 54 pacientes ambulatorios que están ahora asistiendo a varias clínicas de seguimiento.
En la Tabla 2 pueden ser notados los siguientes hechos, en el grupo de 1934 treinta y cinco pacientes permanecen hospitalizados y treinta y cinco son atendidos en clínicas. De los treinta y cinco pacientes hospitalizados, veinticinco dejaron de trabajar desde el inicio de la enfermedad por aproximadamente 18 meses. Diez de este grupo han tratado de volver al trabajo, haciéndolo en periodos cortos con un promedio total de cuatro meses. Todos en este grupo de diez han tenido recaídas a la hora de trabajar. De los treinta y cinco pacientes que son ambulatorios y que asisten a clínicas, once no han vuelto al trabajo desde el inicio de la enfermedad en el grupo de 1934. Veinticuatro pacientes del grupo ambulatorio acuden por completo al trabajo o lo hacen por horas, aunque el total del tiempo promedio de trabajo ha sido de menos de cinco meses sobre un periodo de 18 meses.
En la tabla 3 recopilamos los setenta pacientes que representan la epidemia de 1934, en nuestro estudio, incluyendo los hospitalizados y los de clínica. Esto revela el hecho sorprendente que cuarenta y seis de ellos están aun lejos de regresar a sus labores después de un año y medio del inicio de la enfermedad, y de estos treinta y seis han estado ausentes por completo de sus labores por diez y ocho meses. Solo veinticuatro de este grupo está laborando; diez han sido capaces de trabajar unos pocos meses, pero no trabajan en el presente.

Los 34 pacientes que ahora trabajan o han trabajado, tienen solo un promedio sumado de cinco meses de trabajo durante los pasados 18 meses. En estas estadísticas es bastante aparente, además de los problemas médicos presentados, nos confrontamos también con un problema económico importante ya que todos estos pacientes han demandado o pretenden la compensación.
Un análisis semejante de los cuarenta y dos pacientes de la epidemia de 1935, como mostramos en la Tabla 4, revelan el hecho que veintitrés se encuentran hospitalizados y diez y nueve asisten a clínicas. En el grupo de hospitalizados, solo tres han sido capaces de volver al trabajo, trabajando un promedio de uno o dos
meses. Han ocurrido recaídas, y ellos están ahora trabajando. En el grupo de clínicas, de diecinueve, tres pacientes aun están lejos de trabajar, mientras dieciséis de este grupo ahora trabajan un promedio de menos de dos meses.
En la tabla 5, una recopilación de la epidemia de 1935, incluidos los de hospital y clínicas, da la siguiente información. Veintiséis están fuera del trabajo en el presente; veintitrés han estado sin trabajar desde el inició de la enfermedad por un promedio de 8 meses; tres han intentado trabajar, pero están fuera en el presente, promedian menos de dos meses de trabajo. Hay dieciséis de este grupo que trabajan actualmente, pero han promediado menos de dos meses.

COMPARACIÓN ENTRE 1934 E INICIO DE 1935
Como resultado de este análisis relativo, nos impresionamos inmediatamente con el hecho que el tiempo relativo lejos del trabajo fue mucho más grande en los de la epidemia de 1934 que los de la de 1935. El grupo más tardío ha vuelto al trabajo mucho más pronto y ha perdido mucho menos tiempo de trabajo.
1.-Se piensa, generalmente, que la epidemia de 1935 fue menos severa que la de 1934.
2.-En base a experiencias previas con la secuencia de eventos en el grupo de 1934, las recurrencias o recaídas pueden ocurrir y será necesario una pérdida adicional de tiempo de trabajo. Esperamos sinceramente que esto no pruebe ser verdad.

EDAD DE INCIDENCIA
En el artículo de Meals, Hauser y Bower referidos previamente, los autores llaman la atención a otra interesante característica de la epidemia de Los Ángeles, a saber, la creciente incidencia entre adultos jóvenes así como un aumento en décadas posteriores. La edad de incidencia de nuestro grupo parece corroborar esta observación. El paciente más joven de nuestro grupo fue de dieciocho años de edad al inicio de la enfermedad; y el más viejo, de cuarenta y nueve. Enlistando a los 112 pacientes por grupos de 5 años de edad, se obtiene la siguiente información, según lo ilustrado en el cuadro 6.
Fueron seis pacientes por debajo de los 20 años en el inicio de la enfermedad. Cincuenta y dos pacientes entre los 20 y 25 años de edad. Veinticinco pacientes entre los 25 y 30 años de edad. Trece pacientes entre los 30 y 35 años de edad. Seis pacientes entre los 35 y 40 años de edad. Diez pacientes por arriba de los 40 años de edad.
Es decir el 74 por ciento de los pacientes dentro de nuestro grupo estaban por debajo de los 30 años de edad. La incidencia más alta fue entre los 18 y 25 años de edad, representando un total de 58 pacientes o al 52 por ciento del grupo entero. Estos datos son de la mayor importancia para nosotros al analizar las irregularidades menstruales, puesto que la incidencia más alta en la edad de la enfermedad coincide con el periodo más activo de la vida sexual.
Se sabe, de epidemias anteriores, que la poliomielitis ha sido siempre sobre todo una enfermedad de niños y adultos jóvenes, implicando raramente a los adultos
de más de 20 años. En nuestro grupo veintinueve pacientes estaban alrededor de los 30 años cundo tuvieron la enfermedad. Esta es otra de las características inusuales de La epidemia de Los Ángeles. En nuestro estudio, sin embargo debe recordarse que estamos tratando con empleados de hospital. Debe de esperarse que la incidencia más alta fuera entre los 18 y 25 años de edad, puesto que las estudiantes de enfermería representan el grupo ocupacional más numeroso. No esperábamos tener pacientes menores de 18 años, puesto que esta edad es un requisito mínimo para incorporarse al entrenamiento como enfermera.
PACIENTES INCLUIDAS EN ESTE ESTUDIO.
Deseamos enfatizar en este punto de nuestra discusión que nuestro estudio incluyó 112 pacientes vistos consecutivamente por nosotros en varios hospitales y clínicas en los cuales en estos momentos están siendo tratados. Estos casos no han sido seleccionados al azar ni por razones estadísticas. En si, esta aclaración será
evidente, cuando individualicemos los varios tipos de respuesta a la enfermedad desde el punto de vista de la presencia o ausencia de trastornos de la menstruación.
En el registro de las historias menstruales de estas pacientes, cuatro del grupo de 112 no pudieron ser incluidas; dos habían sufrido histerectomía realizada varios años antes de la poliomielitis, Las dos restantes no habían menstruado desde hacía tres a cinco años antes del inicio de la enfermedad, siendo definitivamente la menopausia un intervalo lo suficientemente largo antes del inicio para experimentar ningún cambio subjetivo. Quedaron pues 112 casos que se presentaran para su análisis de trastornos menstruales.

DISMENORREA
La dismenorrea mostró ser el más penoso síntoma del síndrome, así como uno de los más constantemente presentes. En la siguiente discusión, a menos que la atención se dirija especialmente a la historia menstrual antes de inicio de la poliomielitis, debe entenderse era esencialmente normal; en el 85 a 92% de los 108 pacientes, refiriendo dismenorrea como el síntoma ginecológico más sobresaliente después de la poliomielitis. Obviamente este síntoma ocupa una posición excepcionalmente importante en la enumeración de las secuelas ginecológicas de la poliomielitis.
Dos pacientes no presentaron dismenorrea, pero referían síntomas prodrómicos de poliomielitis muy severos, iniciaban alrededor de una semana antes del inicio de cada periodo menstrual y continuaban con la fase menstrual completa.
Los síntomas que referían fueron, dolores de cabeza severos, dolor de brazos y piernas, nauseas, vómitos, malestar general, anorexia temporal, el complejo típico de síntomas que caracteriza las etapas prodrómicas de la poliomielitis. Los síntomas fueron tan severos que requerían de dos a tres días de reposo en cama cada mes. Cinco pacientes no refirieron dismenorrea. Pero observaron una marcada disminución en el flujo menstrual; tres de las cinco tenía seis meses en período de amenorrea que se presento inmediatamente después del inicio de la poliomielitis. Después de este período de amenorrea la menstruación se restableció, pero ha sido totalmente irregular, imprevisible, asociada a una marcada disminución en el número de días de flujo menstrual y una disminución en la pérdida diaria de sangre.
Las dos restantes de las cinco pacientes que refirieron una menstruación disminuida observaron una marcada disminución en el número de días de menstruación. El flujo medio de cinco días de antes del inicio de la poliomielitis se redijo a dos días después de la enfermedad. Se presentó acompañado de una disminución en el volumen menstrual diario. En una el intervalo siguió siendo igual, veintiocho días, mientras que en otra se presentó con largos períodos de irregularidad, ciclos prolongados de cuarenta días, cuando previamente era normal, ciclo de veintiocho días.
Un aumento en el flujo menstrual fue reportado por una paciente. El ciclo menstrual fue cambiado del normal de 28X4 días, a uno de 27X7 días, con un marcado aumento en el volumen diario de sangrado. No se presentó dismenorrea acompañando este cambio. La paciente anterior esta encuadrada en la tabla 8, presentó una desaparición de la dismenorrea, después de la poliomielitis, presenta una historia interesante, la cual se cuenta brevemente. Antes del inicio de la enfermedad, esta paciente tenía un ciclo menstrual irregular, del tipo de intervalo largo, promediando: treinta y cinco a cuarenta y cinco días. El flujo menstrual diario era muy abundante, ocasionalmente llegando a la hemorragia. El flujo nunca fue de menos de catorce días de duración. Una dismenorrea severa ocurría en cada período menstrual, siete días de tensión premenstrual durando la fase menstrual completa un total de catorce días. Al iniciar con la primera menstruación después del inicio de la poliomielitis, la dismenorrea desapareció por completo y el ciclo menstrual se regularizó en 30X4 días, con un flujo diario normal.

CLASIFICACIÓN DE GRUPOS
Sería imposible presentar detalladamente el historial de las 108 pacientes. Hicimos una tentativa para clasificarlos tan exactamente como nos fue posible en algunos grupos característicos. Al valorar los síntomas, particularmente, el síntoma dolor, estuvimos todos familiarizados con los problemas que encontramos al evaluar su severidad o intensidad. Después de un cuidadoso análisis de estos síntomas, sentimos que podemos presentar un cuadro bastante exacto de la severidad de la dismenorrea. Por consiguiente, una clasificación arbitraria se hizo de: suave, moderadamente severo, severo y muy severo, en un intento por catalogar el grado de dolor referido en nuestros casos.
La tabla 9 ilustra esta clasificación. También observamos en el análisis antes dicho que cincuenta de las noventa y dos pacientes que refirieron dismenorrea después de la poliomielitis se han quejado de dolor del tipo muy severo.
En un análisis más detallado del grupo de las noventa y dos pacientes que se quejaban de dismenorrea después de la poliomielitis, descubrimos el muy interesante hecho de que cincuenta y dos de ellas nunca había tenido este síntoma antes del inicio de la enfermedad. En otras palabras, el 57 por ciento de este grupo presentó dismenorrea como el siguiente destacado síntoma de la poliomielitis, no habían presentado previamente menstruación dolorosa. Cuarenta pacientes de este grupo tenían menstruaciones dolorosas antes de la enfermedad, pero la mayoría se quejo de un aumento sostenido en la intensidad del dolor después de la enfermedad. Analizaremos este grupo más adelante en nuestra discusión. En una compilación de los síntomas, como el que se hizo con el grupo de cincuenta y dos pacientes que no habían tenido dismenorrea antes de la poliomielitis, se obtuvo la siguiente información, como lo ilustramos en la tabla 10.
24 pacientes de este grupo refirieron la dismenorrea como único síntoma menstrual. Diez de las pacientes refirieron dismenorrea muy severa asociada a una marcada disminución del flujo menstrual, (alteraciones en el intervalo, la duración y la característica del flujo se enumeran en la tabla 11) nueve pacientes refirieron dismenorrea muy severa asociada a un flujo menstrual abundante. Tres pacientes tienen dismenorrea muy severa cada tercer período. Tres pacientes tienen una menstruación completamente irregular del tipo imprevisible, también asociada con el tipo de menstruación muy severa y dolorosa.

REPORTE DE LOS CASOS
La historia de los tres casos que se presentarán son las siguientes:
Caso 1.-Estudiante de enfermería, 22 años de edad. Inicio de la poliomielitis, junio de 1935: Historia menstrual antes de la poliomielitis: regular, del tipo de 28X7
días, flujo diario abundante. En tres ocasiones tuvo hemorragia aguda desde el inicio del flujo menstrual. En enero de 1934, dieciocho meses antes del inicio de la poliomielitis, presentó sangrado constante durante dos meses y medio, requirió de transfusión de sangre, dilatación cervical y legrado, e inyecciones de Antitutrin S. Este tratamiento detuvo con éxito la hemorragia, pero los períodos menstruales abundantes continuaron hasta el inicio de la poliomielitis. No había dismenorrea asociada a la menstruación anormal. Después del inicio de la poliomielitis, el intervalo siguió siendo el mismo, veintiocho días; pero la duración disminuyó dos días, con un muy escaso volumen de sangrado diario. Se ha presentado dismenorrea muy severa, comenzando desde el primer período después del inicio de la enfermedad, premenstrual y menstrual.
Caso 2.-Estudiante de enfermería, 20 años de edad. Inicio de la poliomielitis, junio de 1935. Historia menstrual antes de la poliomielitis: regular, del tipo de 28X4 días, con flujo diario promedio. No presentaba dismenorrea.
Después de la poliomielitis: en los primeros tres meses dismenorrea muy severa, menstruación irregular (intervalo corto), del tipo de 14X7 días, excesiva pérdida de sangre diaria. Después de este intervalo de tres meses, presentó amenorrea, que persiste hasta el momento.
Caso 3.-Estudiante de enfermería, 20 años de edad. Inicio de la poliomielitis, junio de 1934. Historia menstrual anterior: regular, del tipo de 18X5 días, flujo diario promedio. Sin dismenorrea.
Después de la poliomielitis. Dismenorrea muy severa los primeros tres meses asociada a una pérdida excesiva de sangre diaria, aunque el intervalo y la duración siguieron siendo los mismos.
Los tres meses siguientes tuvo un período de amenorrea.
La menstruación se restableció después de tres meses, pero ha sido totalmente irregular, con dismenorrea muy severa.
COMENTARIO
No podemos presentar detalladamente la historia de cada una. Es suficiente decir que el promedio menstrual de nuestro grupo era perfectamente normal antes del inicio de la poliomielitis; pero después de la enfermedad se presentó la típica historia de dismenorrea, iniciando de dos a siete días antes de la menstruación y
continuando en la fase menstrual del ciclo por un período de dos a siete días. Las otras irregularidades en la menstruación ya se han comentado brevemente.
Hay tres pacientes en este grupo que aun están en reposo absoluto en cama, que refieren solo algunos días sin dolor al mes. La dismenorrea premenstrual inicia algunos días después que el dolor postmestrual pasó. La máxima intensidad del dolor coincide con la aparición del flujo menstrual. Estas pacientes son un problema real para su terapia. Veinte pacientes han referido la dismenorrea premenstrual de una duración de diez a catorce días. Presentamos esta serie de casos para ilustrar la complejidad del problema.
Analizaremos brevemente el grupo de 40 pacientes que refirieron que ya tenían dismenorrea antes del inicio de la poliomielitis.
Un a clasificación semejante ha la que fue utilizada previamente para ilustrar la severidad de la dismenorrea antes de la poliomielitis, se ilustra en la tabla 12.
Veintiún pacientes de este grupo solo refirieron dolor leve.
Solamente cuatro del grupo refirieron el dolor como muy severo.
Ilustrados en la tabla 13, demuestra una observación muy importante a saber, treinta y siete de las cuarenta pacientes de este grupo tuvieron un aumento definitivo
o una recurrencia de la dismenorrea, después de un intervalo sin síntomas.
Dos pacientes no refirieron cambios en la intensidad del dolor después de la poliomielitis, pero dijeron que definitivamente se había presentado un marcado cambio en las características de la dismenorrea. Antes de la poliomielitis había sido descrito como intermitente e incapacitante. Después de la enfermedad fue descrito como intenso y constante. El caso descrito previamente en esta serie se refirió la desaparición completa de la dismenorrea después del inicio de la poliomielitis. Un análisis del grupo de treinta y siete pacientes que refirieron un aumento en el dolor menstrual después del inicio de la poliomielitis se ilustra en la tabla 14. Allí
observamos que ocho pacientes presentaban intervalos sin síntomas de uno a siete años antes de la enfermedad. Una paciente de este grupo tuvo una dismenorrea muy severa entre los catorce y los dieciocho años de edad que desapareció espontáneamente. Las siete restantes de este grupo se curaron de la dismenorrea por diversos tipos de cirugía antes del inicio de la poliomielitis. Las cirugías practicadas fueron: dilatación cervical y legrado, suspensión de ligamentos uterinos y recesión de ovarios.

Veinticinco pacientes refirieron un marcado aumento en el dolor.
Cuatro pacientes indicaron que había un aumento leve pero definitivo.
Las cuatro pacientes que se quejaron de una dismenorrea muy severa antes del inicio de la poliomielitis, presentamos un análisis muy interesante. Una de ellas, ya se refirió previamente en nuestro estudio, es de llamar especialmente la atención por el dolor que presentaba inmediatamente antes de la enfermedad.
Una paciente pertenece al grupo que no refiere cambios en la intensidad, pero si en las características del dolor. Las otras tres pacientes no tuvieron dismenorrea por lo menos un año antes del inicio de la poliomielitis.
COMENTARIO
Es absolutamente evidente en este estudio que el síntoma dismenorrea después de la poliomielitis es como el definido en el grupo que refería dismenorrea antes de la enfermedad como fue en el grupo de pacientes que no habían referido previamente menstruaciones dolorosas. Irregularidades en el intervalo, duración, y las características del flujo menstrual, también fueron referidas en este grupo de cuarenta pacientes, pero fue semejante a los ejemplos dados previamente. En este grupo de cuarenta pacientes, veintiún pacientes refirieron otras irregularidades menstruales además de la dismenorrea.
Los expedientes presentados han sido, por necesidad, basados enteramente en las historias personales según fueron narradas a nosotros por las pacientes entrevistadas. Las inexactitudes fueron inevitables. Debe reconocerse la probable exageración de los síntomas y en lo posible, su correcta evaluación. Hemos hecho todo lo posible para hacer esto en la compilación de nuestros datos. Es un hecho bien conocido que cualquier enfermedad severa o prolongada baja el umbral al dolor, dando como resultado una marcada disminución de la tolerancia al dolor. Estos puntos son especialmente aplicables en nuestro estudio de esta epidemia de poliomielitis. Muchas de estas pacientes han pasado meses en un “marco de Bradford” o usado varios tipos de yesos. Todas han estado en reposo absoluto en cama durante la fase aguda de la enfermedad, con frecuencia se requirió tener puesta una tabla debajo del colchón. Estos procedimientos necesarios en el tratamiento han contribuido indiscutiblemente en la baja tolerancia al dolor en la dismenorrea. La psiconeurosis fue de las características destacadas en esta epidemia, por tanto, es importante como agente que contribuyó en la generación de dismenorrea. Estamos bien enterados que la actividad normal, sana, es una de las condiciones esenciales de antemano necesarias para el tratamiento correcto de las disfunciones menstruales, particularmente la dismenorrea.
Sin embargo, puesto que hemos observado que este síntoma continuó en el periodo de convalecencia y todavía será un grave problema después que estas pacientes hayan vuelto a la actividad, no podemos dejar de considerar que esta particular epidemia de poliomielitis atípica debe ser reconocida como el factor etiológico que produce los variados tipos de anormalidades menstruales que
encontramos. Esto lo realizamos desde el punto de vista ginecológico. Nos estamos ocupando de un problema complejo.
Las historias menstruales anormales presentadas tienen casi toda la gama completa de los supuestos tipos funcionales de anormalidades de la menstruación. Nosotros observamos un predominio del síntoma dismenorrea. Ocurrió como un nuevo síntoma en una historia menstrual previamente normal y como una manifestación marcadamente exagerada cuando ya existía una dismenorrea previa. Vimos que un excesivo flujo menstrual llegó a ser escaso o completamente ausente después de la poliomielitis. En un caso vimos que una menstruación anormal llegó a ser completamente normal después del inicio de la enfermedad.
No pretendemos hacer declaraciones definitivas en el modus operandi del proceso de esta enfermedad, ni como afecta al parecer a la menstruación. Requerirá, en todo caso, de infinitamente más horas y datos más exactos para evaluar correctamente los resultados. Nuestras observaciones fueron hechas después y comparativamente en un breve estudio. Parece lógico, sin embargo, asumir que todas las irregularidades menstruales encontradas se pueden explicar en base a la disfunción de la glándula endocrina. En el estudio de estas pacientes. Vimos pruebas más que suficientes de la implicación de la glándula tiroides según lo demostramos por las tasas metabólicas básicas bajas después de la poliomielitis. Vimos la implicación definitiva de la glándula pituitaria, evidenciada por el aspecto repentino de la distribución anormal del pelo, simulando el tipo masculino. Esto fue visto en dos casos después de la enfermedad en pacientes que estaban perfectamente normales. Nunca hubo nada que indicara de anormalidades de esta glándula antes de la poliomielitis. La evidencia en forma aplastante de disfunción ovárica se demuestra con la multiplicidad de reacciones anormales de la menstruación.
La extraña naturaleza de los cambios menstruales que siguieron a la poliomielitis es de muy difícil de explicarlos lógicamente y enteramente sobre una base endocrinológica. Cada paciente presenta una historia individual, probablemente dependiendo, sobre todo en el proceso, de la glándula o grupo de glándulas primariamente implicadas. No podemos hacer más que especular sobre el proceso exacto por el cual son causados estos cambios. Es posible que el proceso de la enfermedad por si mismo, de cierta manera, actúa directamente en estas glándulas. Esta afirmación perecería que será verificada con los resultados de un grupo de
trabajadoras en las que se ha observado una marcada degeneración quística de los ovarios. Esta observación fue hecha durante diez laparotomías que fueron realizadas en pacientes en postpoliomielitis. Queda por ver si este encuentro es constante. No se le puede dar crédito en base a diez observaciones. El largo periodo de dismenorrea premenstrual, según lo vimos en veintitrés de las pacientes de este grupo, tenderían a corroborar la afirmación que la disfunción ovárica es un factor muy importante en producir la menstruación dolorosa. En este grupo la fase premenstrual larga de la dismenorrea coincide con la etapa de la ovulación en el ciclo ovárico.
Estos cambios también pudieron haber sido producidos como resultado de una acción indirecta en las glándulas endocrinas a través de los sistemas nerviosos simpático y parasimpático. La naturaleza exacta de este proceso no esta completamente clara hasta el momento. Hemos observado, previamente, la evidente implicación del sistema simpático y parasimpático en producir tipos anormales de parálisis que se presentan en la etapa aguda de esta enfermedad. No podemos hacer nada más que teorizar, hasta que haya más datos, y conocimientos más exactos estén disponibles.

TRATAMIENTO
La discusión del tratamiento debe, por necesidad ser breve y poco concluyente. El interés ha sido concentrado sobre todo en el tratamiento de la poliomielitis, como es lógico que sea. Las secuelas y las complicaciones no han sido investigadas a fondo, y el tratamiento ha sido inadecuado en muchos de los casos. Esta afirmación de ninguna manera debe ser interpretada como una critica a las personas que vienen haciendo tan encomiable trabajo en el cuidado de estos pacientes. En resumen, puede ser que el tratamiento indicado en los síntomas ginecológicos, particularmente de la dismenorrea, no ha sido exactamente el adecuado. Algunas pacientes se han recuperado sin tratamiento específico. Algunas han respondido muy satisfactoriamente a los medicamentos glandulares estándar utilizados. Sin embargo, la respuesta al tratamiento en la gran mayoría ha sido desalentadora.
Al parecer, la mayoría de estas pacientes entra en el grupo del tipo primario de dismenorrea, puesto que la patología pélvica inflamatoria ha estado visiblemente ausente. Entonces, el tratamiento sigue los principios lógicos generales como fueron
prescritos por MacNeile, Pettit y Emge, en un resiente simposio sobre la dismenorrea, que publicaron en la revista de la CALIFORNIA AND WENSTERN MEDICINE, Esto incluía el uso adecuado de los productos glandulares, más el establecimiento de un régimen de actividad normal en los hábitos diarios. Deben ser incluidos, una dieta adecuada, ejercicios y reposo apropiados, así como también la atención de los problemas específicos que se presenten. Se debe recurrir a la cirugía solamente en el caso que se establezca evidencia definitiva de una patología que la requiera. La gran variedad de tipos de menstruación anormal indica, que para que un tratamiento sea efectivo, cada paciente debe ser individualizada y por consiguiente tratada. No siguen un patrón fijo por cual pueda ser utilizada una panacea general. Este hecho, probablemente, solo explica las respuestas desalentadoras al tratamiento, hasta la fecha. Se espera que en un futuro próximo poder actualizar la información precisa con respecto al tratamiento específico de estas pacientes, de los productos que se usan y de la respuesta de ellas.
Presentamos este breve estudio, no como un informe estadístico, sino como una introducción a un problema que sentimos debe ser continuado hasta su conclusión lógica, a saber, para regresar a estas a sus variadas ocupaciones sanas y sin síntomas.
CONCLUCIONES
Para terminara, permítasenos que mostremos una vez más, que los resultados de nuestro estudio nos convencen de los siguientes hechos:
1.-Las epidemias de Los Ángeles de 1934 y 1935 se presentaron como supuestos casos de poliomielitis anterior aguda con un cuadro enteramente anormal de la enfermedad.
2.-Fueron semejantes a una poliomielitis y encefalitis, con un predominio neurogénico y síntomas psicogénicos. La convalecencia ha sido lenta y los pacientes, con frecuencia han estado con una marcada inestabilidad emocional.
3.-Hay justificable evidencia para afirmar que existe una implicación definitiva del sistema nervioso simpático y parasimpático.
4.-El estudio ha demostrado en forma concluyente que la enfermedad produjo una gran variedad de irregularidades menstruales.
5.-La dismenorrea fue el síntoma más sobresaliente en el aspecto ginecológico y estuvo presente en el 85 por ciento de los casos analizados.
6.-La dismenorrea, al parecer fue del tipo primario, basada en la disfunción de las glándulas endocrinas. La psiconeurosis fue un factor importante en la probable etiología para producir el síntoma dismenorrea.
7.-El tratamiento del problema ginecológico no ha sido enteramente satisfactorio hasta la fecha. Ha sido inadecuado en general, en gran parte debido a la carencia de los antecedentes y la individualización como ya fue dicho. Estos expedientes deben ser más cuidadosamente estudiados para circunscribir correctamente el curso del tratamiento indicado en cada caso.
8.-Sentimos que nos estamos ocupando de un problema muy importante, económica y médicamente, y presentamos este estudio bajo la forma de informe preliminar es con la esperanza de que sea usado dentro de la investigaciones futuras de la poliomielitis y sus secuelas. 916 Pacific Mutual Building.
DISCUSIÓN
DONALD G. TOLLEFSON, M.D. (511 South Bonnie Brae, Los Ángeles). -La discusión que nos presentó el Dr. Dwight Young es una fase completamente nueva de las complicaciones que pueden seguir a la poliomielitis anterior aguda. En una epidemia anormal, como la ocurrida en Los Ángeles en 1934-1935, puede ser que esté justificado considerar los síntomas como debidos al compromiso del sistema nervioso simpático y parasimpático. Debemos recordar, también, que los pacientes que han estado enfermos durante un largo periodo de tiempo desarrollen ciertas tendencias psiconeuróticas que deben ser consideradas en la discusión de la etiología. La cirugía del sistema simpático en cierto tipo de dismenorreas ya está siendo practicada y se ha extendido en los últimos años, y si nos estamos ocupando de una enfermedad o de una implicación de este sistema, la cirugía probablemente será de gran ayuda en estos casos.
MARAGARET SCHULZE, M.D. (University of California, Hospital, San Francisco). La dismenorrea que describe el Dr. Young después de la poliomielitis es ciertamente una secuela inusual y no he tenido ninguna experiencia personal con este tipo de
casos. En un esfuerzo por determinar si tales casos habían ocurrido en la bahía, el Dr. Frances Baker me ha preguntado muy amablemente, sobre los pacientes con secuelas de poliomielitis que recibían tratamiento en el departamento de ortopedia en el Hospital de la Universidad de California. 25 de esas pacientes, muchas con parálisis residuales severas, las contestaciones que fueron obtenidas fue que dieciocho no tenían dismenorrea severa, aunque tres se quejaban de dismenorrea suave y una de malestar moderado ocasional. Además por cortesía del Dr. Lois Brock que ha revisado las historias de 1.200 mujeres, estudiantes de primer año de la Universidad de California. Dieciséis tuvieron una historia de poliomielitis y de estas, tres refirieron que tenían dolor severo al inicio del período. Ninguna de estas tres pacientes adquirió la poliomielitis en las epidemias de 1934 o 1935, y la incidencia de dismenorrea no fue mayor que la del grupo en su conjunto. Son difíciles de evaluar los factores etiológicos, y no podemos dejar escapar en la conclusión que el elemento psicógeno puede ser muy importante. Sin embargo, con la evidencia definitiva de trastorno endocrino en muchas de estas mujeres, otros estudios desde este punto de vista pudieran dar resultados muy interesantes, particularmente estudios hormonales y biopsias endometriales. Mi opinión sobre el carácter muy seriamente incapacitante de los síntomas y las evidencias de implicación del sistema nervioso simpático, en algunas de estas pacientes debe ser considerada la simpatectomía presacra cuando no responden a la terapia que el Dr. Young ha sugerido, Será interesante, por lo tanto, conocer de sus estudios posteriores en estas pacientes.

L. A. EMGE, M. D. (2000 Van Ness Avenue, San Francisco). -Este estudio del Dr. Young tiene UN considerable interés clínico e histórico. Yo no estoy capacitado para discutir la epidemia de Los Ángeles en lo concerniente a la poliomielitis típica. Es suficiente con que la reconozcamos como una enfermedad que influencia perdidas en el sistema nervioso central y deja daño motor demostrable. Es bien conocido que la mayoría de las enfermedades desgastantes influencian a la menstruación, generalmente produciendo una depresión menstrual o una menstruación dolorosa. No se sabe nada sobre el mecanismo de este desorden. El tipo de dismenorrea que sigue a la enfermedad desgastante es muy semejante a la que se presenta en las personas con astenia, desnutrición y anemia. Con frecuencia desaparece sin tratamiento después que se restablece un metabolismo normal y balanceado. En elgrupo particular que el Dr. Young nos ha mostrado de manera tan acertada, uno es tentado ha interpretar que la producción del dolor es en base a un trastorno del sistema nervioso simpático. Sin embargo, esto es extremadamente difícil e implica aumentar una teoría de la localización del daño del nervio. Experimentalmente, se ha demostrado que una enfermedad desgastante puede producir puede producir una degeneración de los ganglios del plexo simpático de la pelvis, y esta degeneración, probablemente, se puede contrarrestar y mejorar mediante la administración de hormonas estrogénicas. También se ha demostrado que el retiro de este grupo de hormonas lleva a una atrofia de los ganglios simpáticos. No puedo, por tanto, teorizar que el daño real del sistema nervioso en la enfermedad bajo discusión puede ocurrir en la inervación pélvica simpática como parte de los desordenes generales de los nervios que ocurre en la poliomielitis. Soy algo escéptico sobre la evaluación de la severidad del dolor en la dismenorrea como resultado del estudio del grupo. Una larga experiencia me ha enseñado que cuando dos pacientes son evaluados, nunca el dolor se presenta de la misma manera. Baso mi propio estándar en la capacidad del paciente de seguir siendo ambulatorio durante la menstruación. Si el paciente tiene que llevar su cama, la menstruación se convierte en un serio obstáculo para si bienestar físico y funcional. El resto de tentativas en la clasificación del dolor menstrual se hacen conforme a muchos polémicos puntos que es mejor no intentar utilizarlos para propósitos estadísticos. Me interesa particularmente que en el estudio del Dr. Young en casi la mitad de las pacientes había cierta forma de dismenorrea antes de contraer la enfermedad y que algunas de ellas habían estado libres de trastornos por algunos períodos y un poco antes de su enfermedad sufrió una recaída. Sería interesante saber si el período asintomático ocurrió durante un período salud física particularmente de buena. Probaría señaladamente que entre la salud y la dismenorrea los desordenes van de la mano. El Dr. Young comentó que la dismenorrea que ocurre en la poliomielitis puede ser debida enteramente a un desorden endocrinológico, es una deducción algo peligrosa para la cual no puede presentar ninguna prueba. Su estudio lo que prueba es que la poliomielitis, como otras enfermedades desgastantes, es seguida de con frecuencia por una dismenorrea.

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